Un incendio en Minnesota. Un arresto en México. Cámaras por todas partes

Mena Yousif acudió a la manifestación con ropa oscura, zapatos deportivos blancos y un hiyab azul que podía ponerse sobre la cara, accesorio perfecto para la pandemia. Jose Felan, fornido y alto, llevaba una gorra de béisbol y una camiseta gris que dejaba ver un distintivo tatuaje en su antebrazo: “Mena”, con una corona sobre la “a”.

La pareja había conducido una hora hacia el norte, desde Rochester hasta Mineápolis, para unirse a una multitud que se encontraba en la calle del Capitolio estatal. Tres días habían pasado desde que George Floyd murió a manos de un policía blanco; la pareja formaba parte de un creciente movimiento de protesta por el que la gente saldría a las calles de todo Estados Unidos para expresar su ira, frustración y dolor por la muerte de Floyd.

Yousif, de 22 años, se había trasladado a Minnesota de niña, después de que sus padres huyeron de un Irak devastado por la guerra. Trabajó en una serie de empleos en el sector minorista, incluido un periodo en Chipotle, y estudiaba la carrera de Negocios en una universidad comunitaria. Felan, de 34 años, había vivido entre Texas y Minnesota durante la mayor parte de su vida y había tenido problemas con la ley en ambos lugares.

Los disturbios en Mineápolis habían empezado a ser destructivos —esa noche se requeriría la presencia de la Guardia Nacional— y las autoridades alegarían más tarde en los tribunales que Felan era uno de los culpables. Llevaba una bolsa blanca y delgada, lo suficientemente transparente como para que, según una denuncia penal, se traslucieran tres botes de diésel en su interior después de entrar en una tienda de Napa Auto Parts en University Avenue en St. Paul. Alrededor de las 6 p.m., según las imágenes de vigilancia, Felan y Yousif entraron en la tienda Goodwill de al lado y se dirigieron a un almacén trasero donde Felan supuestamente sacó uno de los bidones de diésel de la bolsa, vertió su contenido en una pila de cajas de cartón y les prendió fuego.

Las autoridades federales afirman que Felan también ayudó a prender fuego a una escuela situada al otro lado de la calle y a una gasolinera que se cuentan entre los más de 1500 edificios dañados esa semana. Las imágenes de vigilancia de ese día desencadenaron una persecución internacional de la pareja con casi un año de duración, en la que participaron varias agencias federales y la policía mexicana. En la persecución también intervino un sistema de reconocimiento facial fabricado por una empresa china que ha sido incluida en la lista negra del gobierno estadounidense.

Yousif dio a luz mientras huía y las autoridades la separaron de su bebé durante cuatro meses. Para los fiscales, la persecución de Felan, acusado de incendio intencional, y de Yousif, acusada de ayudarlo a huir, fue una respuesta rutinaria a un caso de destrucción de propiedades. Para los compañeros de la manifestación, es parte de una represión extrema contra las personas que se manifestaron de manera más ferviente contra el sistema de justicia penal de Estados Unidos.

Sin embargo, más allá de las secuelas procesales de las manifestaciones a favor de la justicia racial, la saga de ocho meses de una joven pareja fugitiva de Minnesota puso al descubierto un sistema de vigilancia global emergente que algún día podría localizar a cualquier persona, en cualquier lugar, con una tecnología que viaja fácilmente a través de las fronteras mientras las libertades civiles se esfuerzan por mantener el paso.

Mientras los mundos político y empresarial luchaban por resolver la injusticia racial en Estados Unidos y los sucesos de Mineápolis superaban la crisis de COVID-19 y la campaña presidencial, la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF, por su sigla en inglés) se puso a trabajar para ubicar a los autores de los incendios.

La ATF, encargada de investigar los casos de incendios intencionales, difundió fotografías de los sospechosos y ofreció 5000 dólares por pistas útiles del público. Un video de Felan “se hizo viral” y dio lugar a “varias pistas, incluso de personas que desean permanecer en el anonimato”, señaló un agente de la ATF mediante un documento judicial. (La ATF también ha usado tecnología de reconocimiento facial, incluyendo la aplicación Clearview AI, para identificar a personas desconocidas, según un informe de la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno y BuzzFeed).

No fue posible contactar a Felan y Yousif para que hicieran comentarios. El abogado de Felan rechazó hacer declaraciones, pues el caso está abierto, y el abogado de Yousif no respondió a los múltiples intentos de contactar con él. Este reportaje se basa en gran medida en documentos y fuentes del gobierno, y según lo que se relata sobre sus vidas allí, lo más probable es que estuvieran aterrorizados. Felan tenía problemas legales previos.

Además, Yousif tenía aproximadamente siete meses de embarazo.

Así que condujeron hacia el sur de Estados Unidos por la Interestatal 35, una autopista que recorre el centro del país, desde Duluth, Minnesota, en el lago Superior, hasta Laredo, Texas, en la frontera con México. Habían atravesado Iowa y acababan de llegar al norte de Misuri, a 500 kilómetros de Rochester, cuando la policía los alcanzó por primera vez.

Se había emitido una orden de arresto contra Felan, lo que permitió a las autoridades rastrear su celular para localizarlo. Según un documento judicial, a última hora de un lunes por la noche, más de una semana después de los hechos ocurridos en St. Paul, la policía local de la zona rural del oeste de Misuri, a la que se pidió que acudiera al lugar donde se ubicó el celular, detuvo un vehículo todoterreno negro registrado a nombre de Felan. Yousif conducía y dijo que no sabía dónde estaba Felan. La policía dejó que se marchara.

Entonces, acusaron a Yousif de ayudar a Felan a huir y la ATF lanzó un nuevo pedido de ayuda, con una recompensa de 10.000 dólares: “Pedimos al público que esté pendiente de la pareja a lo largo del corredor de la Interestatal 35”.

Durante la semana siguiente, la policía continuó rastreando la ubicación del teléfono de Felan, pero siguió sin encontrarlo. Según un documento judicial, le envió un mensaje a su hermano en Texas en el cual le dijo que apagaba el dispositivo entre mensaje y mensaje, preocupado de que lo rastrearan; la pareja terminó por comprar celulares nuevos.

Se dirigieron hacia el oeste, a través de Kansas y Oklahoma, en busca de la familia de Felan. Su madre y sus hermanos se habían enterado de la persecución y se enviaban mensajes de Facebook preocupados. En algún momento, la pareja cambió de carro con la madre de Felan.

La familia de Yousif se negó a hablar en detalle sobre cómo ha sido esta experiencia, y su vida antes de que ella y Felan se conocieran en Minnesota y se enamoraran. Quienes conocieron a Yousif cuando era una estudiante de segundo año de universidad, encuentran los acontecimientos de los últimos 14 meses difícilmente compatibles con la joven que conocieron en 2019. Había obtenido una beca de la American Business Women’s Association de Rochester y la mujer que la administraba recuerda a Yousif como madura y ambiciosa, que llevaba unos llamativos tacones altos y charlaba sobre el trabajo de contabilidad que hacía para su padre.

Yousif soñaba con abrir su propio negocio. Estaba en la lista de honor del decano del Rochester Community and Technical College.

Y luego se dio a la fuga.

Un viernes por la noche a mediados de junio de 2020, una cámara de vigilancia de un Holiday Inn a las afueras de San Antonio captó a Yousif y Felan cuando conducían el Toyota Camry marrón de la madre de él hasta el estacionamiento del hotel. Salieron del auto, caminaron fuera de la vista de la cámara y luego desaparecieron.

La ATF aumentó su recompensa a 20.000 dólares: 10.000 dólares por Felan, a quien describieron como un “delincuente con múltiples condenas”, y 10.000 por Yousif, “su cómplice”. Felan se enfrentó a un cargo de posesión de drogas cuando tenía 18 años que lo llevó a una sentencia de casi siete años de prisión, y más recientemente, a condenas por asalto y por transportar inmigrantes indocumentados cerca de la frontera con México, por lo que también pasó tiempo en prisión.

La agencia también difundió más imágenes de ellos, incluyendo lo que parecen ser sus fotos de boda, y advirtió que Yousif, “que parece estar notablemente embarazada, es conocida por haber usado disfraces durante su huida, incluyendo pelucas, extensiones de cabello, sombreros y la ausencia de un hijab”.

Michael German, un exagente del FBI que ahora es miembro del Centro Brennan para la Justicia, dijo que el Departamento de Justicia bajo el mando del fiscal general William Barr estaba buscando “de manera muy intensiva” llevar a cabo juicios a partir de las manifestaciones por George Floyd. “No me sorprendería que este caso hubiera sido de alta prioridad”, comentó.

Dos semanas después de que las autoridades perdieron el rastro de la pareja, un alguacil adjunto de Estados Unidos dijo a una emisora de noticias de Texas que las autoridades sospechaban que estaban intentando llegar a México.

“Creemos que Mena está embarazada de entre seis y ocho meses. También tenemos eso en cuenta en nuestra investigación”, dijo. “El hecho de que haya un niño no nacido, un niño inocente involucrado, también, en este punto, cuanto más rápido termine todo esto, por el bien de todos, mejor”.

Ese “niño inocente” estaría después separado de sus padres o de cualquier miembro de su familia durante más de cuatro meses.

La fotografía proyectada en la pantalla le llamó la atención: una mujer sobre un fondo azul pálido, con un lápiz labial rojo brillante y un hiyab beige. Su nombre estaba escrito junto a la fotografía, se llamaba Mena Yousif. Federico Pérez Villoro, un periodista de investigación y artista que vive en Ciudad de México, anotó el nombre para poder averiguar quién era.

Pérez se reunió el año pasado con funcionarios de las fuerzas del orden en Coahuila, México, donde estaban haciendo una demostración de su nuevo equipo: un software de reconocimiento facial y casi 1300 cámaras de una empresa china llamada Dahua Technology.

Un grupo de policías y un empleado del gobierno a cargo del primer sistema de reconocimiento facial a gran escala de México, Luis Campos, explicaban cómo el nuevo sistema de 30 millones de dólares podía identificar rostros para que la policía recibiera alertas en tiempo real si una cámara detectaba a las personas buscadas.

Las autoridades de Coahuila, un estado que limita con Texas, habían comprado el sistema en 2019; en los meses transcurridos desde su instalación, solo habían buscado a casi cien personas, dijo Campos, y proyectó en la pantalla algunos de sus rostros, incluidos los de Yousif y Felan.

Campos dijo a Pérez que el FBI se había enterado del sistema de Coahuila y había pedido ayuda para encontrar a personas acusadas de terrorismo. Pérez hizo su propia investigación después de la reunión.

“Eran manifestantes antirracistas y no se les buscaba por ‘terrorismo’ en Estados Unidos, sino por actos de vandalismo”, dijo Pérez. Le molestó ver que la tecnología se utilizaba de esa manera y lo mencionó en un artículo que escribió con Paloma Robles. “Solo dijeron que el FBI había llamado a Sonia Villarreal, secretaria de Seguridad Pública de Coahuila, para solicitárselo, una especie de favor informal, al parecer”.

German, el ex agente del FBI que ahora estudia temas de libertad civil, dijo que el FBI tenía una larga historia de categorizar la desobediencia civil como terrorismo, y que la agencia probablemente vería el incendio provocado durante una protesta como un caso de terrorismo. “Provocar cualquier tipo de incendio en una protesta no es algo que vaya a ayudarte ante los ojos de la ley”, dijo. German también dijo que no sería raro que la agencia pidiera ayuda a las autoridades mexicanas para encontrar a la pareja. “Hay una enorme cooperación con las fuerzas de seguridad mexicanas en una serie de asuntos relacionados con la aplicación de la ley”, dijo.

Parte de lo que molestó a Pérez Villoro fue que la empresa que fabricó el sistema de vigilancia, Dahua, había sido incluida en la lista negra del gobierno de Estados Unidos en 2019. Dahua, con sede en Hangzhou, China, es una de las empresas más grandes de videovigilancia del mundo; es en parte de propiedad estatal, pero también cotiza en la bolsa, con ingresos de 27.000 millones de dólares el año pasado. Durante el gobierno de Donald Trump, tanto el Departamento de Comercio como el de Defensa incluyeron a Dahua en listas negras al intensificarse la guerra comercial con China y mientras aumentaba el escrutinio en torno a los abusos de derechos humanos contra los musulmanes en la región china de Sinkiang.

Según un anuncio publicado en el Registro Federal, los productos de Dahua se utilizaron en “la campaña china de represión, detención arbitraria masiva y vigilancia de alta tecnología” contra los uigures y otros grupos minoritarios musulmanes. Como resultado, el gobierno de Estados Unidos no puede utilizar sus productos y Dahua no puede comprar productos estadounidenses. (Sin embargo, los individuos y las empresas estadounidenses aún pueden hacerlo; Amazon compró sus cámaras térmicas el año pasado para ayudar a detectar los síntomas de COVID-19 en sus almacenes).

“Dahua Technology niega rotundamente las acusaciones”, dijo la compañía en un comunicado sobre la lista negra. “En última instancia, ninguna empresa de soluciones de seguridad puede controlar por completo cómo utilizan sus tecnologías los usuarios finales”.

Las autoridades federales se negaron a hacer comentarios sobre el uso de la tecnología de reconocimiento facial en la persecución de Felan y Yousif. “Pedimos ayuda para las investigaciones de fugitivos a otros países todos los días y no podemos indicar qué fuentes y metodologías pueden emplear para ayudar en las investigaciones de fugitivos”, explicó Lynzey Donahue, portavoz del Cuerpo de Alguaciles de Estados Unidos.

“Nunca había oído hablar de una historia como esta en la que nuestro gobierno haya pedido a otro gobierno que haga el reconocimiento facial para él”, comentó Adam Schwartz, abogado especializado en vigilancia de la Electronic Frontier Foundation. “Es muy preocupante”.

El sistema de vanguardia estaba en uso, buscando indicios de la pareja en México, pero no parece ser lo que llevó a las autoridades hasta ellos. Un portavoz de la ATF dijo que la agencia pagó los 20.000 dólares de la recompensa a alguien que tenía información sobre la pareja. “Eso se utilizó luego para localizar a Felan y Yousif mientras estaban en México, lo que condujo directamente a su aprehensión”, señaló Ashlee J. L. Sherrill, la portavoz.

En su artículo, Pérez consideró el sistema de reconocimiento facial en tiempo real tanto un abuso de las libertades civiles como un fracaso tecnológico que no había cumplido su promesa. Sin embargo, la tecnología se está extendiendo por todo el mundo, en parte porque China la está comercializando agresivamente en el extranjero como parte de la Iniciativa de la Franja y la Ruta de la Seda del país, comentó Marc Rotenberg, presidente del Center for AI and Digital Policy, una organización sin fines de lucro en Washington.

China comercializa la tecnología de vigilancia masiva a sus socios comerciales de África, Asia y Sudamérica y la presenta como una forma de minimizar la delincuencia y promover el orden público en las principales áreas metropolitanas.

“No creo que lo vean particularmente como algo malo”, comentó Rotenberg.

En Estados Unidos, la tecnología de reconocimiento facial es ampliamente utilizada por las fuerzas del orden, aunque está poco regulada. Durante una audiencia en el Congreso en julio, los legisladores expresaron su sorpresa por el hecho de que 20 organismos federales la utilicen sin haber evaluado plenamente los riesgos de uso indebido o de sesgo: se ha descubierto que algunos algoritmos funcionan con menos precisión con las mujeres y las personas de color, y ha dado lugar a detenciones erróneas. Sin embargo, la tecnología puede ser una herramienta poderosa y eficaz para la resolución de delitos, lo que la sitúa, por ahora, en un punto de inflexión.

Al comienzo de la audiencia, la representante Sheila Jackson Lee, demócrata por Texas, destacó el reto que supone para el Congreso —o para cualquiera— determinar las ventajas y los inconvenientes del uso del reconocimiento facial: no está claro lo bien que funciona ni la amplitud de su uso. Como dijo Jackson Lee, “la información sobre cómo los organismos policiales han adoptado la tecnología de reconocimiento facial sigue siendo escasa o inexistente”.

Después de cruzar a México el verano pasado, Felan y Yousif eludieron su captura durante meses, el tiempo suficiente para que su hijo naciera allí.

Sin embargo, en febrero de este año, un día después del Día de San Valentín, fueron detenidos en Puerto Vallarta, una zona turística de la costa del Pacífico, a 1287 kilómetros al sur de la frontera con Estados Unidos.

“Gracias al hábil trabajo de investigación de la ATF y a los incansables esfuerzos de aprehensión del Cuerpo de Alguaciles de Estados Unidos, estos dos acusados, que han estado prófugos durante más de ocho meses, serán devueltos a Minnesota para enfrentarse a la justicia”, señaló la fiscal federal Erica H. MacDonald mediante un comunicado.

Felan y Yousif fueron trasladados a San Diego, donde fueron acusados ante un tribunal federal: tres cargos de incendio intencional para Felan, que conllevan una posible pena de prisión de 20 años, y dos cargos de complicidad después del hecho para Yousif, con una pena máxima de diez años de prisión.

Ahora están de vuelta en Minnesota, y se les ha prohibido comunicarse entre sí mientras esperan el juicio federal.

No obstante, su hijo de 6 meses no viajó a Estados Unidos con ellos; las autoridades mexicanas se hicieron cargo de él cuando la pareja fue detenida y lo internaron en un “orfanato internacional”, según Youser Yousif, hermana de Mena, porque no se lo consideraba ciudadano estadounidense. Cuando un niño nace en el extranjero, el nacimiento tiene que ser registrado en una embajada o consulado de Estados Unidos, pero eso es difícil de hacer cuando se está huyendo de la ley. Youser Yousif dijo que su hermana llevaba meses haciendo papeleo para lograr que su hijo regrese.

En junio, cuatro meses después de que el niño fuera arrebatado a sus padres, los familiares de Mena Yousif viajaron a México para intentar recuperarlo. El abogado de Yousif presentó una solicitud para que se liberara su pasaporte, que había sido incautado por las autoridades, y que pudiera ser enviado a sus padres en México “con el fin de demostrar que la madre del niño es ciudadana estadounidense”.

El juez accedió a la petición y ordenó al agente de libertad condicional de Yousif que enviase por correo el pasaporte a México.

“El Cuerpo de Alguaciles de Estados Unidos hizo todo lo posible para garantizar que la aprehensión de esta pareja se llevara a cabo de forma que el niño pudiera ser puesto bajo la custodia de sus familiares”, comentó Donahue, el portavoz del Cuerpo de Alguaciles de Estados Unidos.

Las imágenes de vigilancia y las cámaras de los teléfonos inteligentes proporcionaron las pruebas que los investigadores necesitaban para investigar más de cien casos de incendios provocados durante los tres días de disturbios en Mineápolis. Un puñado de personas que han sido condenadas hasta ahora se enfrentan hasta a cuatro años de prisión y se les ha ordenado pagar millones de dólares como indemnización.

Las pruebas de video también fueron cruciales en el suceso que desencadenó los disturbios, el asesinato de George Floyd. Así es como el mundo supo lo que le había pasado a Floyd y el porqué Derek Chauvin, el agente que se arrodilló sobre su cuello, fue condenado a 22 años de prisión por causarle la muerte.

Vivimos en un mundo en el que las tecnologías de rastreo, desde las cámaras de vigilancia hasta nuestros teléfonos inteligentes, graban cada vez más nuestras vidas, lo que plantea cuestiones urgentes sobre la medida en que esas grabaciones deben alimentar los sistemas de vigilancia, y sobre lo fácil que queremos que sea para los gobiernos y las empresas rastrearnos en tiempo real.

En un informe de 2019 sobre análisis de video, la Unión Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU, por su sigla en inglés) argumentó que millones de cámaras de vigilancia instaladas en las últimas décadas están “despertando” gracias a la automatización, como la tecnología de reconocimiento facial, que les permite no solo grabar, sino analizar lo que ocurre y destacar lo que ven: “Eso marcará el comienzo de algo totalmente nuevo en la historia de la humanidad: una sociedad en la que los movimientos y el comportamiento público de todos están sujetos a una evaluación y un juicio constantes y exhaustivos por parte de los agentes de la autoridad; en resumen, una sociedad en la que todo el mundo está vigilado”.

En este caso, los ciudadanos estadounidenses fueron sometidos a un sistema de seguimiento en tiempo real que el gobierno de Estados Unidos había considerado abusivo en China.

“Los sistemas de reconocimiento facial en tiempo real son peligrosos ahora y amenazan con convertirse en algo aún más omnipresente y generalizado”, opinó Ashley Gorski, abogada de la ACLU. “Los supuestos beneficios para las fuerzas de seguridad no deberían ocultar los daños a la privacidad de millones de personas sometidas a estos sistemas proliferantes y a la vigilancia gubernamental de sus movimientos cotidianos”.

Felan está a la espera de juicio en la cárcel del condado de Sherburne, en las afueras de Mineápolis, mientras que Yousif está bajo arresto domiciliario en la casa de sus padres en Rochester. Un grupo comunitario que ayuda a las personas detenidas a raíz de las manifestaciones publicó un mensaje de Felan en su página de Facebook: “Este es el momento más difícil de toda mi vida”.

Natalie Kitroeff, Oscar Lopez y Paul Mozur colaboraron con este reportaje. Susan C. Beachy colaboró con la investigación.